Todo se remonta a la tarde-noche del viernes. Plaza Anibal Pinto.

Llegué a la Feria a las 19,10 hrs. equipado con mi cámara de fotos, mis libros de Villegas y un lápiz por si no tenía uno para firmarlos. Miré hacia el escenario pero aun no se subía, mientras que escucho por ahí "Villegas está en la cafetería", y efectivamente estaba allí sentando con una mirada escudriñadora y esperando la hora de subir a presentar su libro. Cuando se pone de pie para dirigirse al escenario lo intercepto y digo:
-"Hola Don Fernando, ¿me puedo sacar una foto con usted?
-¿Cuánto estamos cobrando por foto?, Son quince lucas
- No se preocupe lo pago, ¿Y no anda con el polerón que le regaló Bianchi?
- No, esa h#evá' la regalé.
Todo entre risas y la mirada impaciente de quien era al parecer la presentadora del evento. Nos tomamos la foto y él siguió su camino.
Su presentación se basó en explicar e ilustrar de qué trataba su libro, el cual ya había leído así que reconocí varias de sus intervenciones. El gran concepto es que la felicidad no es un estado de ánimo, es sólo un estado, no es cuando estamos eufóricos, esa sensación luego de ser informado de una buena noticia, de comprar un objeto deseado o situaciones por el estilo, la felicidad es un estado negativo, es decir, es la ausencia de disgustos, malestares y toda cosa que contamine nuestra vida. Ante las críticas y prejuicios ajenos Villegas decía "yo me imagino que vivo en un zoológico, y cuando me dicen cosas así, estoy pasando por la jaula de los monos, que me tiran maníes, gritan, chillan, pero no me voy a poner a discutir con los monos, probablemente me ría pero no me voy a enfadar con ellos, no los voy a tomar en serio, no quiero decir que estos personajes son monos, de hecho los monos son mucho mejores, ".
En el libro, Villegas recomienda una frase para recordar, casi como mantra: "a quién le va a importar". Estamos frente a una sociedad que sobrevalora el juicio ajeno, se preparan todo el año en el gimnasio para ir a lucir esas entidades de cataplasma, esos cuerpos miserables a la playa creyendo que al llegar todo el mundo los va a estar mirando, que los van a recordar por más de un segundo en sus cabezas. Hoy vivimos en una sociedad que nos exige vivir rápido, el que se queda en su casa es un penoso, hay que llegar a la casa sólo para salir al rato después, este afán por atarearse y llenarse de compromisos, uno tras otro, es también un afán por evadirse, por evadir el momento de estar solo ante tus pensamientos, el miedo a sí mismo, a estar sin esa máscara que creamos cuando estamos frente a los demás. La vida no puede ser una carrera, tiene que saborearse cada minuto como si fuese una ambrosia que nunca más nos tocará beber. Por tanto, ante situaciones cotidianas como "qué polera me pongo", la respuesta que debe aparecer en nuestra mente es "a quién le va a importar".
No puedo hacer más que recomendar el libro "de la felicidad y todo eso", Villegas escribe con toques de humor así que es bastante agradable, lo leí hace tiempo y luego de escucharlo cobró otro significado, así que tendré que releerlo pronto. Finalmente me quedo con una frase de Fernando en la presentación: "la peor locura es ser cuerdo todo el tiempo".